Playoffs, una decepción esperanzadora

Sabemos que resulta especialmente arrogante, pero para nuestros estándares, ser eliminados de la pelea por el campeonato nacional, se comprende como una absoluta decepción, a pesar de todos los logros (campeones de la SEC) y multitud de récords de una temporada que originalmente se presagiaba con ligera incertidumbre en determinadas áreas del campo.

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La realidad de la Sugar Bowl fue descubrir que esta promoción de seniors y su conjunto de equipo, tocarían techo y aunque muchos fueron los que sugirieron que habíamos excedido las expectativas de pretemporada, lo cierto es que este grupo conseguiría su máximo objetivo de recuperar la conferencia. La semifinal ante Ohio State descubrió nuestro potencial real. Fue un querer y no poder. Los Buckeyes u Oregon sencillamente son mejores y por eso disputaron recientemente el título.

Cierto es que el play-calling de Lane Kiffin fue pobre o discutible y que nuestra respuesta defensiva en manos de Kirby Smart ante el plan de Urban Meyer resultaría estéril, pero llegar a pedir la cabeza de ambos y hablar de hot-seat, sinceramente, me parece equivocado. Este equipo no pudo discutir la derrota y solo los propios errores de Ohio State nos proporcionaron posibilidades de ganar el partido hasta el último instante, pero no hubiera sido justo.

Por el contrario, sé que resultara insuficiente e incluso inoportuno, pero debemos valorar el carácter competitivo y sacrificio de un equipo que nunca se dio por vencido y que moriría con las botas puestas en el Superdome hasta el último instante.

La imagen de Reggie Ragland conmocionado sobre el suelo, después de un violento golpe en un objetivo por detener y encerrar a Ohio State en su campo para devolver la posesión a nuestro ataque e intentar igualar el marcador en el último cuarto, me pareció que simboliza el carácter de un equipo que luchó hasta el final por representar a la Universidad de Alabama en Arlington. Hasta el momento exacto que Ardarius Stewart extendió al máximo su brazo para intentar recuperar un onside-kick perfecto de Adam Griffith, Ohio State no comprendió que tenía pie y medio en North Texas.

Blake Sims lideró posteriormente un último drive a la desesperada con apenas 1 minuto (aunque consumiría demasiado tiempo) para intentar la machada con los Buckeyes viéndose ganadores desde la banda.

Sin duda, el carácter resiliente de este equipo fue muy destacado. Siempre rechazaron darse por vencidos a pesar de las circunstancias, un aspecto que igualmente mostramos en la derrota de Octubre ante Ole Miss en Oxford y que, en mi opinión, satisface enormemente a todos aquellos seguidores de Alabama que habituamos a tener los pies sobre el suelo.

Ahora es cuando echamos la vista a atrás y sorprendería ver la infinidad de posts, tweets o comentarios que días atrás protestaron por la inclusión de Ohio State en los Playoffs.

En esta ocasión, no estamos ante un “auto” colapso del calibre de Utah o incluso Oklahoma en pasadas Sugar Bowls, donde nos escudamos en una posible falta de motivación. Simplemente nos ganaron con todas las de la ley.

La conclusión es que no siempre se puede ganar. Esa fue exactamente mi respuesta una vez finalizó el partido y me preguntaron por el decepcionante resultado.

El propio Nick Saban transcribió estas mismas palabras ante los medios, donde asumió su responsabilidad en la preparación como señalaría los errores de su equipo en la ejecución. Pero Saban se mostró tremendamente satisfecho y orgulloso de su equipo, mientras con mucha clase, defendería a los suyos de todas las dudas e interrogantes. Probablemente Saban transcribiera todas y cada una de mis palabras. Quién sabe.

Lo cierto es que conseguimos cimentar la momentánea ventaja de la primera parte gracias a los errores del oponente. Es cierto que ésta es una parte del juego donde uno tiene que sacar rendimiento y ser oportunista, pero también hay que comprender que los Buckeyes llegaban con su tercer QB, cuya experiencia y bagaje únicamente se encontraba en la final de la semana anterior en la Big-Ten ante Wisconsin.

El primer error con el fumble de Ezekiel Elliot resultó en un inmediato TD de Derrick Henry dentro de su yarda 25 que nos adelantaba en el marcador. En mi opinión, la acción tuvo mayor demérito de Elliot por perder la referencia de Eddie Jackson sobre su espalda mientras que, con su Stiff-arm, controlaba a nuestro linebacker, que mérito particular de este último.

Después, Devin Smith quemaría al propio Jackson en un lanzamiento de 40 yardas, mientras que Jabriel Washington fallaba en la ayuda con una acción paupérrima de cobertura, en una jugada que rememoró los problemas endémicos de la secundaria durante toda la temporada. Con la posesión en la yarda 1, Cardale Jones provocó un fumble después de un problema de comunicación en el intercambio del snap con su center que lapidó la oportunidad y obligó a los Buckeyes a tener que contentarse con un field-goal que redujo la distancia.

El siguiente error se provocó con un clamoroso fallo de comunicación entre Cardale Jones y Devin Smith que Cyrus Jones reconocería e interceptaría con comodidad dejando la posesión dentro de su yarda 15 y que posteriormente aprovechamos para ampliar la diferencia en el marcador, después de unas certeras carreras por el centro de TJ Yeldon.

Con estos tres errores, los Buckeyes potencialmente nos cedían 18 puntos efectivos.

Pero muchos aficionados son los que creen que Kiffin debió abusar más del juego terrestre con Henry, especialmente sobre el lado izquierdo con el éxito inicial que estábamos experimentado. También sorprendió sus extraños play-calls en situaciones de tercer down. El mejor ejemplo fue la primera secuencia de acciones donde, con un vertiginoso tres-y-fuera como resultado, Sims buscaría el fade sobre Amari Cooper en un intento que resultó ingenuo.

Lo realmente curioso es que conseguimos nuestro mejor drive del partido en los instantes prematuros del mismo, además, respondería al ánimo de los Buckeyes por reducir la distancia en el marcador, pero nunca fuimos capaces de cimentar un ritmo a partir de él. Henry y Yeldon fueron los responsables de mover las cadenas para que Cooper resolviera en la endzone con facilidad después de un play-action que congeló a todo el front-seven de Ohio State. Pero este dominante drive quedaría en eso, un espejismo.

Tuvimos muchos problemas desde el primer minuto para controlar el perímetro. No tuvimos respuesta para contener a Elliot y Jalin Marshall, el Percy Harvin particular de Meyer, en los instantes iniciales y cuando obligamos a los Buckeyes a superar situaciones de tercer down largo, en una obligación dentro de nuestro game-plan defensivo, simplemente fracasamos.

Infravaloramos las piernas de Cardale Jones como recurso de escapatoria (quien subscribe admite la subestimación) y nuevamente otro QB fue capaz de hacernos daño con sus scrambles por el centro cuando conseguimos colapsar el pocket y comprometer la protección. Sin ir más lejos el TD que redujo en un punto la distancia sobre el marcador llegó después de una carrera interior de Jones de 27 yardas y el ineficaz intento de Ryan Anderson por contener y sellar el placaje dentro del pocket.

Cierto es que DeAndrew White tuvo previamente un drop clamoroso en situación de tercer down que al menos hubiera ayudado a JK Scott a cambiar de forma radical la situación de campo. Además, se hubiera agradecido un bagaje mayor por parte de nuestro ataque después del TD de Elliot que redujo la distancia en el marcador, pero poco pudimos hacer ante el trickery de Urban Meyer que parcialmente ponía las tablas al descanso (sólo 1 punto a favor).

El end-around de Marshall para Evan Spencer que acabó con su lanzamiento para TD sobre Michael Thomas, fue un resultado de puro talento. Nada más.

Hay que comprender que Ohio State recluta toneladas de ello por toda América, de una forma tan imperiosa y selectiva como la nuestra. Nadie puede reprochar a Cyrus Jones su defensa sobre el lanzamiento y menos de uno de nuestros jugadores que mayor crédito conquistó esta temporada. Su actuación nuevamente fue impecable, pegándose como una lapa a su marca e incluso con una autoconfianza sorprendente, pero el lanzamiento de Evans mostró precisión cirujana y la concentración de Thomas para situar un pie sobre la endzone, fue sublime. Contra una acción así uno solamente puedes felicitar al rival y pensar en la siguiente jugada. El problema fue que la acción siguiente correspondía al final de la primera parte.

En cambio, Eddie Jackson, quien para muchos (y el propio Saban) podría considerarse nuestro mejor cornerback sobre el papel, perdería el equilibrio persiguiendo a Devin Smith, permitiendo que anotara con comodidad una bomba de 47 yardas de Cardale Jones en los instantes iniciales del tercer cuarto que adelantaba a OSU por primera vez en el marcador. Jackson lleva varias semanas jugando por debajo de su nivel habitual y su puesto de titular no parece ahora que sea indispensable de cara a la próxima temporada, por lo que necesitará recuperar crédito y confianza durante los próximos meses.

Nick Saban lo comentó ante los medios, pero el cañón de Cardale ayudaría a brillar a sus fantásticos receptores, quienes se impusieron a nuestra secundaria, en una nota predominante de la temporada y que necesitaremos mejorar de cara a la próxima.

Sin embargo, si hay una figura que resaltar este año es la de JK Scott.

El punter true-freshman es un auténtico escándalo y uno de los jugadores más dominantes y espectaculares en su posición que nunca hubiera visto antes. Capaz de cambiar una posición de campo desde cualquier distancia, profundidad y ángulo. Gracias a él (promedió la barbarie de 55 yardas, 5 dentro de las 20 y un total de 385) fuimos capaces de alejar a los Buckeyes y recuperar oxígeno. Sin Scott o simplemente con un punter vulgar, nunca hubiéramos sido capaces de pelear la victoria hasta el último aliento y su progresión parece no tener horizontes. La gran noticia es que todavía tiene dos años elegibles por delante, porque el chico podría jugar en la NFL desde hoy mismo.

Fui crítico con Blake Sims y la posibilidad de que compitiera por un puesto de titular en pretemporada. Muy pocos confiaban que fuera capaz de afianzarse y ganar la confianza de Saban como el game-manager que nos gusta que lidere nuestro ataque. Su temporada ha sido remarcable y aunque muchos se ofuscaran con su actuación en la Sugar Bowl, creo también que nadie puede reprocharle nada. Sims sencillamente desbordó las expectativas y su compromiso, dedicación y capacidad de superación servirá como modelo para generaciones venideras. No seré yo quien menosprecie ahora su aportación durante el curso de la temporada, pero está claro que su habilidad acabaría desnivelando (negativamente) la balanza cuando las espadas estuvieran sobre lo más alto.

Con la cantidad de bubble-screens, hitch y rutas intermedias que Sims estaba objetivando, especialmente sobre Cooper, Ohio State le tendería la trampa más básica que cualquier quarterback experimentado debe reconocer. El defensive-end Steve Miller caería en cobertura en el zone-blitz y mansamente interceptaría con un pick-six para ampliar la ventaja en dos anotaciones.

Posteriormente Sims volvería a sacar su característico orgullo liderando un drive donde Henry desnivelaría la balanza con un screen en campo abierto y que él mismo resolvería con pundonor con un scramble en situación de goal-line, pero con la posibilidad de igualar el encuentro en el último cuarto, nuevamente Sims se equivocó con su lanzamiento.

Tras alcanzar la redzone oponente, Sims reconocería perfectamente el emparejamiento entre OJ Howard y el safety Vonn Bell, pero en lugar de buscar un envío con aire sobre el fondo de la endzone, donde el lanzamiento hubiera carecido de peligro y con la posición de Howard a favor sobre la espalda de su marca, Sims sencillamente buscó la dirección incorrecta y Bell conseguiría ejecutar una acción sobre el balón, interceptando el lanzamiento.

Entonces llegó el big-play de 85 yardas de carrera de Ezekiel Elliot y los Buckeyes sentenciaron.

Hubo tiempo para que DeAndrew White explotara un desajuste de la defensa y que Cooper redujera nuevamente diferencias, en una noche donde sus big-plays se echaron de menos, pero esta vez la secundaria de Ohio State fue capaz de reducir su dimensión y a pesar de sus sólidos números con 2 TD y 71 yardas en 7 recepciones, su explosividad fue entrañada en el instante decisivo de la temporada.

Muchos son los que creen que Kiffin no fue capaz de descomponer la defensa oponente y encontrar desemparejamientos como habitualmente acostumbraba con Coop, pero la realidad es que hubo un compendio de situaciones a ambos lados del balón, donde Alabama se mostraría inferior a su oponente. Sólo queda seguir trabajando e intentar un nuevo asalto.

El equipo vendió cara la derrota y lo intentó mientras hubo vida en todo un Instant-classic que pasará a la historia como una de las batallas más disputadas de la historia de la Sugar Bowl.

El futuro es esperanzador, el equipo es joven y hay mucho talento acumulado para repetir en los Playoffs e intentar resarcirnos la próxima temporada.

Como señalé previamente, no siempre se puede ganar.

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