Clamada venganza, momento de recuperar el trono

Exactamente, 365 días necesitamos para abrazar la satisfacción de devolverles el “Kick Six”. Nada menos que vengar una carrera frustrada por el crystal-ball con la misma fórmula que nos infringieron ellos en aquella dolorosa derrota.

Sin embargo, no hubo que recurrir a un big-play en el último segundo después de una jugada rocambolesca y especialmente fortuita, pero sí, en cambio, entrando en el cuerpo a cuerpo con el oponente y consiguiendo escapar con vida después del mayor shootout de la historia de esta ferviente rivalidad que es la Iron Bowl.

Gus Malzahn volvió, aparentemente, a situar sus piezas en espacio y a buscar la acción dentro de los hashes, pero Nick Marshall mostró sorprendentemente una precisión de cirujano desde el pocket y el juego aéreo sembró el terror de la parroquia durante buena parte de la noche.

Duke Williams, quien fue un absoluta pesadilla, y Sammy Coates, atacarían constantemente el área más profunda del campo con nuestros safeties trabajando a destajo en contener a Artis-Payne, los Sweeps y el juego terrestre de Auburn, donde experimentamos éxito consiguiendo números ordinarios (3,7 yardas de promedio), pero con nuestros corners completamente abandonados y aislados, Auburn camparía a sus anchas.

Marshall con 456 yardas de pase, acumuladas en multitud de big-plays, y con una destreza y precisión desconocida hasta la fecha, fue un absoluto dolor de cabeza. Podéis preguntarle a Eddie Jackson, probablemente nuestro mejor cover-corner, quien tuvo el dudoso placer de disfrutar de una noche miserable. Jackson se disculparía posteriormente en Twitter de su pobre actuación y si no es por el desempeño de nuestra defensa en situaciones de goal-line, los Tigers no se hubieran tenido que conformar con 4 FGs totales en la primera parte.

Señalamos en los días previos que Blake Sims habituaba a mejorar su desempeño dentro de los confines del Bryant-Denny Stadium, sin embargo, tres lanzamientos, de la cual más pobre, acabó resultando en tantas intercepciones.

En su primer turnover, Sims ni se enteró que Jermaine Whitehead pasaba por allí. En la segunda intercepción, tenía abierta la ventana que pretendía pero el envío fue considerablemente alto, mientras en la última, fue sencillamente un regalo para Jonathan Jones después que inicialmente reconociera cubierto a Amari Cooper en su primera lectura.

Sus errores y pobres decisiones favorecieron una desventaja de 12 puntos en el tercer cuarto y que Auburn fuera inicialmente capaz de adelantarse sobre el marcador después de un primer cuarto dominado por Alabama. Entonces Saban, quien incluso se plantearía meter a Jacob Coker en el partido, pidió a Lane Kiffin que revirtiera la situación.

Con Auburn abusando de coberturas al hombre en un sospechoso planteamiento por intentar contener a Amari Cooper, éste se pondría las botas con 224 yardas aéreas y 3 TD.

Sims comenzaría a explotar el juego profundo como Marshall estaba inicialmente consiguiendo, y Cooper fue sencillamente imposible de defender con su extraordinaria capacidad para desmarcarse (39 y 75 yardas para TD). Fuera de sus intercepciones, Sims únicamente erró 4 lanzamientos (literales) y nuevamente volvió a conseguir acciones cuando más se demandaron. Una acción suya particular de scramble nos devolvió la ventaja en los primeros instantes del último cuarto y posteriormente, un roll-out sobre el lado derecho donde conseguiría conectar en movimiento sobre la endzone con DeAndrew White, revirtió la desventaja de 12 puntos, esta vez a favor y Auburn ya no fue capaz de recuperarse.

Nuestra defensa se ajustaría en la segunda parte. Nick Perry, quien dejó de ser un jugador más para convertirse en una estrella en su año senior, interceptaría a Marshall con una fantástica acción después de que nos adelantáramos en el marcador, cambiando el momentum.

Fuera del último drive de los minutos finales, esencialmente permitimos 10 puntos, teniendo en cuenta que su anotación llegaría después que iniciaran el drive en nuestra yarda 39. Mientras tanto, Alabama conseguiría anotar 5 touchdowns consecutivos para dar la vuelta al partido y poner tierra de por medio con una ventaja de 19 puntos con menos de 4 minutos para el final. En aquellos instantes finales de pundonor por parte de los Tigers, apenas dejaron 20 segundos para intentar reducir una diferencia de 11 puntos.

Derrick Henry no es que colmara las expectativas formuladas tras la Sugar Bowl ante Oklahoma, personalmente no me convence su estilo de juego, pero conseguiría derribar a la defensa oponente cuando ésta comenzaba a notar el esfuerzo de la noche. Con un big-play de 49 yardas y una anotación sin oposición de 25, Henry navegaría donde más le gusta, golpeando a los rivales con su estilo arrollador y apilando yardas extra con su masivo cuerpo.

Hay quien cree que nuestra actuación ante Auburn sembró dudas y probablemente Oregon merezca en este instante el No.1 absoluto de los rankings (habrá que ver hoy ante Arizona con la final de la PAC-12 en San Francisco, donde tienen la posibilidad de revindicar su única derrota de la temporada), pero nadie puede negar que este equipo es capaz de adaptarse, armarse de paciencia y vencerte con multitud de expresiones.

Y ese es el aspecto que me tiene entusiasmado y me hace creer.

Es cierto que todavía no hemos conseguido progresar en defensa todo lo que pretendemos en nuestro objetivo por detener la HUNH, pero tenemos capacidad y profundidad para poder sumergirnos en un shootout y sobrevivir. Una identidad que hemos carecido anteriormente y esquivábamos, pero con la naturaleza actual del FBS necesitas tener esa capacidad y personalidad para superar encuentros como éste. El propio Saban lo ha asegurado.

Por eso entiendo la victoria ante Auburn como un haz de esperanza en nuestras posibilidades.

El comité debe comprender que los Tigers se dejaron el alma en arruinar nuestras posibilidades, a pesar que la derrota de Mississippi State en la Egg Bowl ante Ole Miss, facilitaría nuestro camino, pero difícilmente nos encontraremos ante una amenaza tan feroz como la que Nick Marshall, Duke Williams o Sammy Coates, infringieron el sábado pasado.

Saban habitualmente lo subraya; “One game at a time”. Todavía no hemos conseguido nada.

El desafío ahora es Missouri en Atlanta, un conjunto que suma miserables derrotas ante Indiana y Georgia en un claro shutout, pero que llega con 6 victorias consecutivas en la SEC, especialmente ante Arkansas el pasado sábado, posiblemente el equipo más en forma de América de las últimas semanas.

No hay tradición ni conocimiento de Missouri en el sur, apenas se les comprende como una amenaza real en la final de este sábado, como tampoco se respira un ambiente determinante.

Pero seguro que Shane Ray (13,5 sacks) y Markus Golden (8,5), quienes lideran una de las líneas defensivas más verticales y dominantes del FBS, tienen algo que añadir al respecto.

Sinceramente, creo que merecen nuestra consideración después de plantarse 2 años consecutivos en Atlanta en solamente tres temporadas como componentes de la SEC. Gary Pinkel siempre es capaz de reunir grupos competitivos y con pass-rushers consumados, que potencialmente podrían confundir a Blake Sims y favorecer a que cometiera errores, un aspecto donde Mizzou intentará cimentar su upset.

Pero el tridente ofensivo comprendido por el QB Maty Mauk, el tándem de RB Russell Hansbrough/Marcus Murphy y WR Bud Sasser, no resulta tan amenazante como algunos que experimentamos previamente.

Mauk es futuro y presente del programa, un quarterback que se siente cómodo con su side-arm fuera del pocket, pero cuyo porcentaje de completación con un 53,5 % y 11 intercepciones, constan como los registros más pobres de la conferencia. Sus actuaciones son un tanto bipolares, con encuentros de 5 touchdowns o 4 intercepciones y en otros (3 partidos) donde fue incapaz de conseguir algún lanzamiento para touchdown. Tenemos que aprovechar la inexperiencia de Mauk y desafiar a que inequívocamente explote desde el pocket las supuestas vulnerabilidades de nuestra secundaria, evitando que opere desde el perímetro.

Nuestra cobertura de equipos especiales, que fue progresando según avanzó la temporada, deberá lidiar con la amenaza de Marcus Murphy, quien es especialmente peligroso como retornador (7 touchdowns en toda su carrera). Esta temporada promedia 31,9 yardas por retorno de kickoff con 2 TD, además de 11,4 yardas por cada punt con 1 TD. Mucho cuidado.

Missouri es muy inferior sobre el papel, pero presentan algunas piezas aisladas para conseguir ponernos en apuros y, partiendo que somos un equipo con altibajos, Pinkel tiene el recorrido y pedigrí para ingeniar alguna trampa que comprometa nuestras posibilidades.

Antes de pensar en Playoffs, debemos de recuperar con urgencia la conferencia SEC y eso pasa por deshacerse de otros Tigers en nuestro camino, a pesar que éstos lleguen desde un extremo desconocido.

Es el momento de demostrar quién es el orgullo de Dixie.

Esta entrada fue publicada en Partidos. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s