Reordenamiento de la División

Han pasado varias semanas desde la última actualización, donde curiosamente lanzamos aquí la pregunta de si este equipo tenía mimbres de campeón con vistas a la complicada salida de aquella semana a Oxford ante Ole Miss.

Muchas cosas han cambiado desde entonces. Una devastadora lesión de Laquon Treadwell por medio y el propio desgaste físico de los pupilos de Hugh Freeze, quienes, después de romper en aquel encuentro con un eventual tie-break frente a nosotros, veían esfumarse sus posibilidades semanas más tarde en una última acción fatídica ante Auburn.

Sin desear el infortunio de nadie, lo cierto es que aquella funesta acción nos beneficiaría, y previamente el upset que sufrieron en manos de LSU en Death Valley, acabó por allanar nuestro camino por controlar la división Oeste de la SEC.

Pero no nos resultaría sencillo, ni mucho menos.

La división se acabó convirtiendo en lo que inicialmente se proyectaba; en cuestión de supervivencia. Estaba claro que la temporada acabaría resultando larga, desgastadora y difícil de combatir después de soportar su exigencia física cada semana, como finalmente experimentaron en sus carnes los propios Rebels, aunque con la derrota de los Bullies esta semana, paradójicamente dispondrán de una última bala en la recámara con motivo de la Egg Bowl.

Siempre y cuando Arkansas se lo permita este sábado.

Porque está claro que los Hogs no son ese cupcake de los dos últimos años. Aquella noche en Fayetteville sobrevivimos al aguacero y a una defensa Top25 que esta semana enchufó un histórico shutout a los Bayou Bengals (por primera vez desde 1947), pero el equipo fue capaz de encontrar la forma de ganar. Como igualmente consiguió en Death Valley ante los propios Tigers la semana pasada, en un escenario donde, desde la llegada de Saban a Tuscaloosa, siempre es un verdadero infierno. Entonces Blake Sims se ingenió un drive legendario en apenas segundos que llevó el partido a OT después de estar contra las cuerdas (virtualmente eliminados) con un fumble de TJ Yeldon en nuestra propia yarda 5.

Un genial play-call de Lane Kiffin desde la banda con el Gadget buscando en la primera acción de la prórroga a un (entonces) inadvertido Brandon Greene, decidió una batalla que, posteriormente, la defensa sentenciaría rechazando cualquier último intento de anotación.

Y entonces nos encontramos ante la oportunidad que deseábamos con la visita de Mississippi State; imbatida y número 1 absoluta de la nación.

Para mayor tranquilidad, el calendario quiso que el encuentro más importante de la historia de los Bulldogs se jugará en Tuscaloosa, lejos de sus cowbells y ruidosos aficionados, donde MSU había construido un fortín con contundentes victorias ante Texas A&M, Auburn o Arkansas.

Además, Blake Sims estaba mostrando su mejor cara en el BDS y por ende nuestro ataque quien, anémico en las salidas ante Ole Miss, Arkansas o LSU (Atlanta no puede considerarse como tal), incrementa siempre su dimensión y explosividad dentro de los dominios de T-town.

Esta vez Sims no experimentó esa actuación imperiosa que tan boquiabierta tiene a su parroquia (teniendo en cuenta sus orígenes), pero nuevamente volvió a comandar el ataque con autoridad y liderazgo, consiguiendo acciones con sus piernas cuando más las necesitamos.

El propio Nick Saban calificó el último drive anotador de Alabama como “probablemente uno de los mejores de toda nuestra historia”. Esas son palabras mayores en un programa con tantísima tradición que ha visto a Mike Shula operar con cirugía a la secundaria de Auburn para facilitar aquel célebre FG ganador (The Kick), Shaun Alexander callar The Swamp o recientemente Greg McElroy liderando una remontada límite en The Plains. Pero coincido con Saban que resultó decisivo en el resultado, después que MSU redujera en solamente 6 puntos la ventaja y los Bulldogs cambiaran la inercia del encuentro con todo un último cuarto por disputarse.

En tres situaciones de terceros downs largos, Sims consiguió un par de fantásticos scrambles y un checkdown sobre Yeldon quien, además, mostró su mejor versión cuando más importó, callando a sus detractores. Fue evidente que Yeldon no se encontraba en su mejor estado físico después del golpe en el fumble ante LSU, pero su aportación fue imprescindible.

El ataque volvió a aparecer en el momento exacto de la segunda parte, cuando nuestra defensa necesitaba coger aire y un apoyo después de tantas secuencias (2 tres-y-fuera). Consiguieron descontar 6 minutos del reloj, poner dos anotaciones de por medio y trasladar toda la responsabilidad de la remontada a Prescott y su ataque. Cuatro años antes fuimos incapaces de esto mismo con Cam Newton, como el propio Saban apuntó ante los medios.

Amari Cooper no fue tan dominante como en la primera parte ante Tennessee o durante semanas anteriores, pero también desniveló la balanza cuando se le solicitó. Primero zafándose de su marca con facilidad en la endzone para atrapar el envío de Sims, tras una previa conexión en el Seam con Jalston Fowler, con la firma de puño y letra de Kiffin, para más tarde atrapar un lanzamiento profundo (un tanto corto) y aferrarse a él con firmeza ante la asfixiante presión de dos marcas, facilitando el TD terrestre de 1 yarda de Derrick Henry.

El ataque no desplegó su firepower y espectacularidad de los días de Florida o TAMU, pero por segunda semana consecutiva, volvió a dar un paso al frente cuando importó.

Pero quienes sustentaron la victoria fueron la defensa y el punter JK Scott, toda una revelación, auténtico MVP del partido y probable ganador del Ray Guy Award. Un punt suyo de 34 yardas clavado en la 4 de los Bulldogs, provocó el posterior safety de la defensa que abrió el marcador, mientras que conseguiría dirigir un total de 5 punts dentro de la 20 de MSU (3 dentro de la 10), promedió 46,8 yardas y fue un auténtica arma para cambiar situaciones de campo. Como true-freshman, Scott está consiguiendo colmar las expectativas, hasta el punto que nuestro staff técnico apenas se preocupó durante la primavera de buscar alternativas.

Pero la gran noticia, en mi opinión, fue la defensa, que va a más.

Ya lo señalamos en pretemporada, pero esta línea defensiva puede acabar convirtiéndose en la mejor de Saban en The Capstone hasta la fecha. Repleta de profundidad y efectivos, el front-seven, gracias a una férrea disciplina y carácter, trabajó fantásticamente la contención sobre Dak Prescott, quien incluso fue incapaz de doblar la esquina cuando escapó del pocket, un aspecto donde previamente fuimos vulnerables. Prescott se pegó literalmente contra un muro y cuando ejecutó el drop-back, siempre se encontró con alguno de los nuestros sobre su cara. Sin duda, un desempeño que mejoró respecto a la contención sobre Anthony Jennings durante los primeros compases ante LSU (luego mejoramos con Collins en Spy). El equipo llegó con la cartilla leída y fue consciente del gran esfuerzo y rigor necesario para detener a un jugador mucho más fuerte, elusivo y de mayor dimensión como es Prescott. Chapó para el grupo.

De todos modos, nuestra efectividad y solidez disminuyó durante la segunda parte, pero ciertamente, me resulta injusto no atribuir mérito a Mississippi State, probablemente el mejor ataque que nos encontremos de aquí hasta Enero (No.8 actual del país).

Cuando Prescott ingenió un drive con el objetivo de contestar el touchdown de Yeldon en el último cuarto que subía dos anotaciones de diferencia, A’Shawn Robinson sacó la zarpa con MSU dentro de nuestra redzone y desvió un lanzamiento que Landon Collins interceptó con tres minutos para el final y que sentenció el partido, a pesar que posteriormente los Bulldogs anotarían, pero ya habíamos conseguido arañar prácticamente 5 minutos.

Además, conseguimos reducirles en 4,86 yardas por acción y 428 totales (92 por debajo de su promedio), sus guarismos más bajos hasta este instante. El problema fue el número de jugadas que permitimos (88 frente a nuestras 63), pero es algo más relacionado con la consistencia general del equipo, que un problema particularmente defensivo.

Otro aspecto que ha progresado, “curiosamente” con el salto de calidad de la línea defensiva, es la secundaria. La vuelta de Eddie Jackson quien, poco a poco, está recuperando su mejor versión, es un bálsamo para el grupo, pero quien más me asombra es la fantástica progresión de Cyrus Jones, tanto en fundamentos como en efectividad ¡Y mira que le buscan! Pero Cyrus Jones dejó de ser esa calamidad y jugador temeroso que fue maltratado por Mike Evans en College Station, algo en parte comprensible, ya que Cyrus tuvo que transicionar la temporada pasada desde el puesto de receptor al de cornerback. Después de varias semanas de incertidumbre, Jackson y Cyrus Jones emergen como una pareja estable que anhelábamos desde aquella que formaron Dee Milliner y Deion Belue hace 3 años.

Si, sabemos que Landon Collins es una auténtica máquina desde su época de instituto en Louisiana y aunque, según mi opinión, todavía puede dar algo más (algunos placajes fallados donde especialmente él mismo muestra orgullo), su aportación bajando al box y en cobertura, ha dado ese salto cualitativo que se le demandaba para un jugador de su tremendo talento. Pero, en cambio, pocos eran los que esperaban el excelente desempeño de Nick Perry, quien está disfrutando de digamos una “segunda juventud” como Senior. En su última temporada en The Capstone y, por lo tanto, su última oportunidad, Perry finalmente está a ese nivel que en algunos momentos nos mostró con timidez. Ahora con Collins, forman una de las mejores parejas de safeties de toda la nación.

Pero el potencial de esta defensa no acaba ahí. Creo que esta podría ser la temporada donde Saban dispone del mayor número de alternativas desde que llegara a T-town. Esta misma semana, Geno Smith entró en el Star por un aspecto puramente táctico (una mayor destreza en el juego aéreo), y disfrutó de una actuación fantástica en detrimento de Jarrick Williams, habitual titular. Otros como Rashaan Evans, Tim Williams, Reuben Foster, Tony Brown o Da’Shawn Hand, quienes en algún momento parecieron ganar notoriedad, ahora se muestran prácticamente desapercibidos.

Lo importante es que la defensa llega a su punto álgido en el momento clave. Y por eso mismo creo que ahora si puedo afirmar que este equipo tiene pasta de campeón.

Un mes y medio después de formular la pregunta, pero cierto es que este equipo ha madurado lo suficiente durante el camino e incluso con la derrota ante los Rebels en Octubre.

Entonces aquel equipo estaba embalado, con hambre de reconocimiento y gloria en (entonces) el encuentro más importante de la historia del programa, mientras el nuestro, repleto de juventud e inexperiencia, buscaba su identidad.

Una Iron Bowl de por medio. Esa es ahora la distancia con Atlanta por la SEC y los Playoffs.

Auburn ya con tres derrotas (dos consecutivas las dos últimas semanas) está eliminada de la carrera por la división Oeste, pero todos tenemos grabado en la memoria lo que ocurrió en The Plains el año pasado.

Ellos ya no son aquel equipo peligroso, eléctrico y con hambre de gesta, pero en una Iron Bowl nunca nada es garantizado ¿Alguien necesita que recupere la infame acción de Chris Davis?

Pero este equipo no lo permitirá.

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