Ésta mi última palabra; Beat Notre Dame!

Han pasado más de cuatro meses desde que viajara a Dublín el 1 de Septiembre para disfrutar del retorno de los Fighting Irish a su tierra ancestral. Muchos y buenos son los recuerdos de mi breve estancia en la capital de la república irlandesa, así como de la atmósfera de auténtico fútbol universitario que se trasladó desde el otro lado del charco.

Entonces nadie, ni el más optimista seguidor de los Irish, esperaba que Notre Dame estuviera en contención de aspirar al crystal-ball en Enero y mucho menos como imbatido con un récord de 12-0, a pesar de que destruyeran a Navy 50-10 en el opener del Aviva para después sufrir ante Purdue la siguiente semana en South Bend.

Después de frenéticas y vulgares actuaciones ante la propio Purdue, Stanford, BYU o Pittsburgh, todos disputados en South Bend, muchos fuimos los que empezamos a insinuar de Lucky Shamrock o a hablar del tradicional “Luck of the Irish” de la tierra patria y sinceramente, esperaba impaciente el día en el que Notre Dame sufriera su primera derrota, en un suceso natural de acontecimientos que un servidor intuía y que la gran mayoría de analistas comprendían, dentro de un probable y significante progreso de Brian Kelly en su tercer año al frente de esta histórica institución.

Mientras tanto, Alabama arrasaba a Michigan en el opener de Arlington e infringía todo un shootout por 52-0 a una mermada Arkansas en Fayeteville, un conjunto que incluso se comprendió como alternativa en la división Oeste de la SEC a LSU y los propios Crimson Tide. Los medios nacionales respetaban y admiraban a Alabama.

Por entonces, la diferencia entre ambos programas se comprendía como abismal; Notre Dame buscaba progresar, salir del anonimato y encontrar finalmente un punto de inflexión en su camino por recuperar relevancia, mientras que Alabama, como vigente defensor del título, perseguía construir la nueva dinastía contemporánea del panorama. Definitivamente, los objetivos eran muy diferentes.

Sin embargo, el resto de la temporada evidenció que nosotros no somos tan poderosos ni dominantes como en versiones más recientes. Tampoco la conferencia SEC está tan lejos del resto como en oportunidades anteriores. El año pasado, nadie pareció capaz de poder competir con LSU y Alabama (ambos finalistas en New Orleans), quienes destruyeron a cada uno de sus oponentes y a cualquiera que osara desafiarles.

Pero el upset de Alabama en Tuscaloosa en las manos de la Texas A&M del freshman y reciente Heisman Trophy, Johnny Manziel, así como la sufrida victoria ante Georgia en Atlanta por el campeonato de la conferencia SEC, manifestarían que este squad es perfectamente batible.

Tampoco las recientes y miserables actuaciones de MSU ante Northwestern, LSU ante Clemson o Florida ante Louisville en sus respectivos enfrentamientos en las bowls de año nuevo, presagian grandes augurios entorno a nuestras posibilidades. La sensación ahora es que Notre Dame dispone de la oportunidad histórica de cortar la racha triunfal de la conferencia SEC con seis campeonatos nacionales consecutivos. Y nadie discute que los Fighting Irish sean capaces de conseguirlo en los jardines de Miami.

Pero Nick Saban y su squad saben que este es un nuevo escenario y otra nueva oportunidad. Mucho se ha especulado que Brian Kelly (como todo un “mastermind”) podría emplear una orientación “up-tempo” basándose en el éxito de los Aggies en Noviembre, especialmente durante el primer cuarto de aquel encuentro. El problema es que Notre Dame no dispone de un jugador como Johnny Manziel y todos nosotros, fans de Alabama, sabemos que nuestra defensa es muy vulnerable conteniendo jugadores con esa habilidad y “multiplicidad”. Sin embargo, Texas A&M sólo conseguiría anotar 9 puntos tras aquel primer cuarto y cabe recordar también la miserable actuación de Jordan Jefferson en la final del año pasado, después de que éste y el runningback Michael Ford fueran claves con la zone-read en los minutos finales de la victoria en Tuscaloosa de la pasada temporada.

Con 37 días para diseñar, plantear y estudiar el partido, Nick Saban sabe perfectamente como preparar a su squad para proporcionarles la orientación y mentalidad necesaria para ganar. Alabama estará listo. Aquí no me cabe ninguna duda.

Desde Diciembre llevo diciendo que los Irish son el rival que ofensivamente mejor se ajusta a nuestras características defensivas (mucho mejor que Oregon), que es donde paradójicamente se encuentra la vulnerabilidad de este equipo. Defensivamente, Alabama no se muestra tan dominante como acostumbraba, a pesar de presentar una de las unidades estadísticamente más destacadas (TOP 5) de todo el país.

El quarterback novato Everette Golson es un jugador que se ajusta a nuestra naturaleza defensiva y siempre que consigamos sacarle del partido, el ataque lo tendremos controlado. Necesitaremos de un CJ Mosley pletórico (como acostumbra) que se encargue del TE Tyler Eifert en el seam y habrá que tener mucho cuidado con el wheel-route y las acciones fuera del backfield de Theo Riddick. Anulando estas dos armas, Golson puede encontrarse ante muchos problemas en el drop-back y llegar así las oportunidades de big-play para Xzavier Dickson, Damion Square o Quinton Dial. Necesitaremos también que Jesse Williams muestre constantemente su aliento en el backfield oponente, pero para ello deberá superar a todo un All-American como el center Braxston Cave.

En ataque el objetivo será desafiar por tierra al MLB Manti Te’o y sus séquitos. Para ello necesitaremos mantener a su defensa fuera de equilibrio con una orientación balanceada, como así manifestó nuestro coordinador de ataque, Doug Nussmeier. Hay que alejar del backfield lo máximo posible al DE Stephon Tuitt y al tackle Louis Nix, mientras consigamos esto y superar su gran porcentaje defensivo en la redzone, no necesitaremos preocuparnos por buscar acciones más sofisticadas. Sin Kenny Bell, Amari Cooper probablemente se encuentre con dobles y triples coberturas, pero la experiencia de la segunda parte ante Georgia, debe ser la orientación que persigamos esta noche. En mi opinión, los Irish podrían ser lo suficientemente vulnerables por tierra ante nuestra línea ofensiva.

Tengo que claro que Notre Dame jugará con mucho orgullo, esfuerzo y que nos resultarán tan físicos como cualquier otro oponente que nos hayamos encontrando antes en la propia conferencia. Que nadie espere un encuentro sencillo ni un paseo militar, como algún medio sugirió.

Sí, somos superiores y favoritos, pero mientras estemos concentrados y cuidemos cada una de nuestras posesiones, desafiándoles principalmente por tierra, creo podremos devolver el título a T-town y comenzar a hablar de una nueva dinastía.

Antes señores, hablemos de negocios. Beat Notre Dame!

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